martes, agosto 18, 2015

Miedo superlativo

Nunca en mi vida sentí tanto miedo como cuando me dijeron que mi hijo de dos años y medio de edad requería una cirugía y además con anestesia general.
Yo sentía como en mi interior toda mi tranquilidad se desmoronaba y en el exterior me volvía un zombi, uno intolerante, irascible y sumamente hostil y tu... tu el padre de mi hijo, te veía actuar del todo tranquilo, seguro, sin preocupaciones - como usualmente te comportas - y me enojaba y quería gritarte y decirte que podían pasar una infinidad de cosas que no podíamos controlar.
Sólo cuando ambos dejamos a mi hijo en la camilla, a la entrada del quirófano es que vi resbalar desde tus ojos una lagrima y bajar por tus mejillas, ahí entendí, que también luchas tus propias batallas y no siempre me lo dices. 
¿Cuántas veces y por cuantas distintas razones luchas batallas por ti mismo en lugar de compartir conmigo la carga? No lo sé.

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