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jueves, julio 14, 2011

dónde es mi casa?

Es curiosa la sensación que tuve esta vez al bajar del avión, recuerdo que hace 7 años cuando iba y venía entre la ciudad donde viví casi toda mi vida y en la que ahora vivo, los dos primeros años sentía que mi casa era allá y que yo sólo estaba vacacionando en otro sitio, el tercer año que es cuando adquiero mi casa y con esto, un sentido de pertenencia al lugar y la convicción de no volver a vivir jamás allá, cuando iba, me sentía igual como turista.
Ahora al bajar del avión no sentí que venía de casa o que llegaba a ella, es como estar en el limbo, no que me sienta incómoda, es simplemente que me siento como en medio de la nada; como cuando pequeña una vez en un balneario en otra ciudad cerca de casa, que mi madre nos sacó de la alberca después de un buen rato de nadar, mientras secaba a mi hermano pequeño empecé a caminar por las escaleritas agua adentro, hasta que ésta me cubrió por completo. Yo tendría unos 5 años, pero recuerdo todo perfectamente, como en un slow motion, los rayos del sol colándose por el agua, el silencio total y la tranquilidad que manaba de este. Nunca tuve miedo, no sé si porque es mi naturaleza o porque como todo niño no siente miedo porque no sabe lo que puede pasar. Yo sólo me sentía en paz.
Paz que me duró poco ya que mi madre se aventó desesperada por mí y volví a la superficie.
Quizá la ausencia de miedo en ese momento se deba, como ahora, a que tengo conciencia de una fuerza superior que me cuida - en ese entonces mi madre - y ahora Dios.
Sé que todos tenemos un particular punto de vista de él, pero en el mío, sin tener la religión que los mexicanos tienen de nacimiento, y sin tener ninguna en particular, él se ha encargado siempre de allanarme el camino, de mostrarme la senda y de protegerme y bendecirme por todo el recorrido.
No quiere decir que no elijo, claro que elijo, que trabajo, que construyo, pero estoy consciente de todo lo que pudo pasar y no pasó por estar protegida. Estoy consciente de lo que pasó porque tenía que pasar y de que en su mayoría era por bienes mejores posteriores.
Sí, sé que eso de "no hay mal que por bien no venga" suena a lugar común, a un cliché barato para "conformarse", sin embargo, personalmente he comprobado que muchas opciones que me parecían lo mejor, no se materializaron e inmediatamente después vino algo mejor.
Con eso, estoy ahora sentada en la banca esperando... sé desde hace meses que mi sensación de estar incompleta, que estar segura que laboralmente el trabajo ya no me representa un reto ni me seduce más el mayor sueldo, que esa sensación de pertenencia se ha ido diluyendo, y que todo lo anterior ha dejado paso a un anhelo de arropamiento, de protección, de fortaleza, cariño, seguridad y tantas cosas que solo encontraba en casa... en ese punto geográfico que hoy tengo a dos mil kilómetros de distancia.
Cuando me fui, como seguro he contado ya otras veces, sabía que no regresaría nunca, y los años me han mostrado qué corto fue ese nunca, yo que siempre he creído que los nuncas y los siempres son palabras tan grandes.
Ahora, solo sé que todo ha sido tan rápido que no he atinado a conscientizar, sólo, estoy eligiendo, porque debo hacerlo, porque dentro de mí sé que a pesar de que para muchos no es la mejor opción, debo hacerlo. Lo más curioso es que toda la gente que en 7 años me dijo quédate donde estás - y que es la gente que más me importa - es la misma que ahora mes tras mes, día tras día de este último año me dice: Regresa!
Un buen amigo me dijo hace unos meses: "haz caso a las señales"... y he tenido muchas, muchísimas de que no es aquí donde debo estar.
Sólo que es tan difícil desprenderse... y cuando -como ahora- me doy un poquito de tiempo para analizar, empiezo a sentir esa inquietud, esa leve angustia, ese miedo escondido que intenta reptar desde mi estómago para seducir a mi mente y hacerme dudar.
Pero no hay marcha atrás... ya pagué el ticket del viaje, sólo estoy esperando que me lo entreguen para confirmar que sí... que allá es donde debo estar y ahí es donde entre cosas que no son mías, en una casa que no gobernaré, donde no me hará falta nada pero sentiré que nada es mío, donde recibiré más abrazos que preocupaciones, encontraré de nuevo lo que me hace falta, para volver a sentirme en casa.

****
Reza como si todo dependiera de Dios. Trabaja como si todo dependiera de ti. 
San Agustín. 

4 comentarios:

james dijo...

antes que nada...que bien que estas de regreso ya extrañaba los regalos que compartes con nosotros...y es por esto que me atrevo a decir que se un poquito de ti y de lo que has vivido ultimamente, y pues tratando de ser mas puntual creo que deberias de esperar un tiempo antes de tomar tus siguientes decisiones ya que por lo visto son muy mportantes, tu sabras cuando analiza bien y al final seguramente haras la mejor eleccion...

quimeras dijo...

sucede, mi estimado James, que tengo un año pensándolo, y uno, tiene que aprovechar las oportunidades que llegan sin buscarlas... hay que decidir, porque el miedo paraliza y hace que nos perdamos de la enseñanza de las acciones...
gracias por leerme y extrañar mis escritos...
beso

Halcón peregrino dijo...

Quimeras tomaste una decisión que dará un cambio importante en tu vida, debes seguir los dictados del corazón y de la razón. La casa está donde uno quiere, donde forma afectos, trabajo, vida.
Que sea el comienzo de buenas experiencias.
Un abrazo.

quimeras dijo...

Halcón... dicen que todos los cambios son buenos... veremos!
Beso

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